Sobre la campana, en el último segundo de una larguísima temporada, al fin el Betis dio una alegría a su fiel infantería, a una afición que comenzara el año ilusionada por la participación europea de su equipo, y que vio como domingo a domingo, partido a partido y minuto a minuto, esa tremenda ilusión se iba transformando, en desanimo, desesperanza y desilusión.
Una vez consumado el vergonzoso descenso del primer equipo, tan solo el filial verdiblanco ofrecía un poco de luz a la temporada en Heliópolis.
Y fue el segundo equipo el que se armó de valor, fuerza y coraje, esos adjetivos de los que adoleció el primer equipo durante todo el año, y para cuando todo parecía perdido, una vez la eliminatoria quedara casi imposible en la ida tras vencer el Orihuela por dos tantos a cero, y se adelantase en el Benito Villamarín.
Fue entonces cuando apareció el famoso Curro Betis, ese equipo capaz de lo mejor y de lo peor en tan solo un segundo, y en solo 40 minutos anotó cuatro tantos, consumando su ascenso a segunda B, para locura y emoción de la grada del estadio verdiblanco, que soltó toda la rabia contenida durante el año y dio un baño de multitudes a unos chavales que demostraron, que lo importante no es tan solo poder, sino sobre todo querer, y que cuando se quiere y se lucha para alcanzar un objetivo, al club de las trece barras, no hay quien lo pare.
Ojala este encuentro sirva de lección y para que aprendan los muchas veces, por lo demostrado este año, mal llamados profesionales del fútbol.

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